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sábado, 25 de octubre de 2008

Asunto MBA-068: Estándares de BIM (y Revit)

Recientemente hemos descubierto la existencia de Revitopia un blog dedicado al establecimiento de estándares para el uso de Revit con pretensiones internacionales. La necesidad de establecer estándares para la documentación de planos, la generación de modelos BIM y la organización de la información en ellos es absolutamente vital. Nos parece que cualquier usario serio del programa, es decir, aquel que debe y deberá producir sus planos y documentos de construcción y, más aún, prestar su servicio profesional recurriendo a un modelo BIM, más temprano que tarde se enfrenta a la necesidad de establecer estándares.

Los estándares son la única forma de capitalizar el esfuerzo. La única forma de convertir una herramienta de diseño como Revit en una experiencia tecnológica. Y pensamos aquí el término tecnología como, precisamente, la repetición. La reedición de una experiencia técnica anterior y su inevitable y consecuente mejoramiento. Sin estándares es imposible repetir.

El problema de los estándares, sin embargo, y quizás aquí está lo utópico de Revitopia, es que tienen un momento histórico y un aquí-ahora donde se validan, justifican y perfecccionan. No es posible la extensión internacional. Y eso, nos parece, bien lo sabe Autodesk con sus productos. La traducción de Revit al español es un ejemplo de esa imposibilidad. En Chile decimos "cielo falso" y no "falso techo"; decimos "terreno" y no "solar"; a los "forjados" les decimos "losas" y a los "solados" los llamamos "Radieres" (vaya un término misterioso). En eso de "traductore traditore" se disuelve lentamente el significado de las cosas y se desintegra el esfuerzo de estandarización. Por eso, lo primero que una educación tecnológica debe hacer es nombrar. Es decir, definir el significado preciso de los conceptos y, en consecuencia, inculcar una terminología, un vocabulario técnico.

Pero el problema no se reduce a eso aunque de ahí surge. La torre de Babel está instalada en el medio de nuestra nación. Nuestra propia industria es todavía incompetente en este aspecto. No sólo la voluntad de ponerse de acuerdo entre fabricantes de un mismo mercado ha sido infructuosa y con tantos diferentes intentos fallidos. Esta voluntad irregularmente existe en cada industrial. Escasamente hay un criterio unificado para la denominación de los diversos productos de un mismo fabricante. Es el encargado del marketing el que denomina los productos y la codificación cambia de producto en producto. Cuando existe, casi núnca se refleja en los catálogos que llegan hasta las manos del arquitecto especificador. Hay honrosas excepciones y frecuentemente coinciden con las mejores especificaciones. A nivel nacional, un ejemplo de este fracaso de clasificación y estandarización se puede ver en la historia del Catálogo de la Construcción y sus distintas ediciones históricas. En las primeras ediciones, el catálogo se distribuía completo como una colección de volúmenes. Por lo tanto, caducaba muy pronto. En ediciones posteriores, se adoptó el método repartir a los consumidores AIC (arquitectos, ingenieros, constructores) un archivador vacío para ir llenandolo con las fichas técnicas por producto. Cada industrial, importador o representante de un producto debía preparar una ficha técnica de aquellos elementos que quería ingresar al catálogo y se las hacía llegar por correo al arquitecto para que este las archivara en el volúmen y actualizara su información. Para ello se creó una nomenclatura y se subdividió en menos de veinte capítulos toda la diversa producción industrial y de servicios relacionada con la construcción. La subdivisión se abandonó en la última edición del catálogo. Hoy apenas existe como capítulos más generales basados en una clasificación de colores, método más "simple" para los ocupados destinatarios.

La tecnología asociada al concepto del diseño empleando BIM sólo puede alcanzar su auténtico esplendor y conseguir sus mejores prestaciones para el desarrollo económico y social de un país si se convierte en un criterio de calidad. Un criterio significa que el trabajo entero relacionado con la construcción es ordenable jerarquizadamente, ahora y en el tiempo futuro. Es decir, conforma una estructura de planificación.

Un pequeño intento de estandarización, absolutamente concreto y reproducible, pero completamente individual y aislado ha sido el que publicamos en el asunto MBA-011. En ese post proporcionamos nuestro archivo de notas clave (sólo los títulos) que incorporaba una serie numérica que subdivide en partidas todo lo identificable en la industria de la construcción chilena (sabemos que no exhaustivamente). Nosotros empleamos intensamente esa nomenclatura y hemos llenado una importante proción de sus capítulos asignándole un código a miles de item y materiales de construcción que se comercializan en Chile (por ejemplo, todos los perfiles de acero, escuadrías de madera, técnicas de fijación (siempre faltan), mallas de alambre, paneles de todo tipo, etc., etc.). La lista no deja ni dejará de crecer. Hoy por hoy es una garantía de especificaciones correctas en nuestros planos. Sabemos de otros usuarios de Revit que adoptaron nuestra lista y han hecho lo propio, perfeccionándola y nutriéndola según sus necesidades. Desde que introdujimos la práctica de las notas clave y el estándar de numeración de partidas y componentes, cada nuevo proyecto Revit (.RVT) ha contribuido a que nuestra biblioteca de familias, cubicaciones, listas de componentes, etc. formen un todo coherente, aprovechable y en continuo perfeccionamiento. Son un estándar propiamente tal y BIM, una auténtica experiencia tecnológica.

El problema actual está en la faceta utópica detrás de BIM. Entre los usuarios de un programa como Revit Architecture, Structure o MEP, el asunto es de fácil comprensión. Más temprano que tarde, cada uno discurre un mecanismo de capitalización del esfuerzo. El paso que falta, sin embargo, es el más difícil pues debe comprometer a los otros tres actores que intervienen en la industria AIC:

a) a los industriales que deben encontrar una motivación para la generosidad, cualidad incompatible con el rigor de la libre competencia. Los industriales por lo menos deben recordar que para vender hay que ser "especificado" en un proyecto, y que los que especificamos somos fundamentalmente los proyectistas,

b) a los constructores, que deben recuperar la confianza en que una obra bien especificada y bien estudiada es beneficiosa para todas las partes porque reduce la incertidumbre y recompensa con justicia el esfuerzo y las destrezas para la calidad y la eficiencia, y

c) a los propios mandantes y gestores de las obras para los cuales la incertidumbre sobre los costos de una obra y el éxito de la gestión está en directa relación con la calidad técnica de la documentación del proyecto y la profundidad de la planificación.


1 comentario:

Arq. Werner Renck dijo...

Interesante, pero qué relación pueden llegar a tener las especificaciones técnicas, las cuales están ordenadas en capítulos y numeraciones correlativas y sucesivas y, existiendo normas de especificación en la industria AIC(NCh1156 de la 1 a la 5), las series propuestas por ustedes.Cómo lo han hecho, sin mesionar la correlación con los itemizados con las E.T.
De verdad que estoy bastante interesado en saber cómo han solucionado el problema planteado, con el propósito de adoptar y/o colaborar en el intento de estandarizar la terminología de la Clave de Notas o Keynotes.
Saludos y gracias por el aporte,
Arq. Werner Renck